|
Manuel, el de la cumbre |
|
|
Como la buena semilla Incorrupta, fértil, vital, llena de un futuro no lejano. Y cerca del manantial del siempre.
Como el caudal cristalino que canta bajando de las cumbres cordilleranas. Aquel que corre e irrumpe entre los campos, acariciando al naciente maizal que dará frutos en las manos del trabajo vital y la fuerza de los brazos del hombre solidario.
Tu nombre esta marcado por la segunda independencia, tu rostro, esta en cada niño moreno de café, vientos y selvas de hojas de coca y curiosidad infantil, aquel que llena nuestra suerte futura, con diáfana inocencia.
Eres aquel que en su hermandad logró deshelar el frío de la cumbre y dio brisa bajo el desnudo sol del meridiano. Eres, el dulce canto de la patria continental. La conciencia en evolución y el alma de una vida nueva.
Eres tu, Manuel generosidad sin fronteras económicas. El pan generoso de cada día; aquel que en su amor, amplía fronteras regionales y une los lazos de hermandad, dando lugar a un mar de rebeliones.
Eres aquel, quien busca hasta encontrar toda respuesta y entre ellas, la única, la que da justicia, y es diferente, humana y definitiva.
Eres sobre todo, quien muere y se levanta sin descanso con heroísmo incomparable, con valentía de hombres libres. Y en un continente Prostituido, engañado Y aplastado por la barbarie, venida desde lejos, en ese y este tortuoso periodo de nuestra prestada historia; vez hoy y siempre la independencia del hombre verdadero, aquel humilde de corazón gigante: y de origen autóctono.
|
|
|
- Al índice: | - Pagina principal: | Julio Alberto Rodríguez |