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Poesía Crítica |
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Dolor del alma (1)
Mi dolor, es un dolor del alma, me cala los huesos en su frío, me congela el corazón en su desgracia. Mi dolor es el dolor del abandonado, bajo el frío inhumano de un país, que me marco con el sello de un paria.
Mi dolor es un dolor del desterrado, marcado, señalado, discriminado cada día y cada noche escandinava. Mi dolor es el dolor del engañado, donde la burla, la mentira y la hipocresía se unen para abrir en mi nuevas heridas.
Mi dolor, es el dolor del despreciado por su origen de ser gente del sur, un dolor que va marcando mis horas. Mi dolor, como un profundo dolor del alma, es como los golpes y patadas de las jaurías de los demócratas suecos que en manadas de jauría se juntan para golpear a uno y a otro solitario.
Mi dolor, como un dolor del alma, es golpeada en su humanidad y su ser, un dolor sin emoción, sin esperanzas, Un dolor oscuro bajo la sombra de todas las violencias racistas, llenas de odio animal incomprensible, directo o indirecto, generado o espontáneo, de oficinas, de calles, de estúpida ironía, de noches de muerte y de burocracia.
Mi dolor, es un dolor crónico del no compartir humano, es un dolor con sinrazón, que se lamenta solo, un dolor del alma sin una respuesta justa. Mi dolor es dolor de las esperanzas destruidas, de las promesas no cumplidas de las ofertas que se hicieron burla es un dolor que carga la cruz del apartheid, del etnocentrismo y la indiferencia sueca.
Mi dolor es profundo y a la vez sencillo, como la de aquel que busca trabajo y en su inocente afán nunca lo encuentra. Y aquel otro, que al estar enfermo lo martirizan. Es un dolor que pide justicia y por ello lo castigan.
Mi dolor es un dolor del que aprende y lo que aprende es ignorado, un dolor del alma cargada por manadas de racistas, o influyentes fascistas engolados disfrazados de bondad y amistad condicionada.
(Suecia, 25 de diciembre 2007) ------------- |
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