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De las "Líneas de Chávez" (Venezolana de Televisión)
Caracas, 15 Nov. ABN (Hugo Chávez
Frías).-
“La paz será mi puerto, mi gloria, mi
recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto me es precioso en
este mundo”, escribía nuestro padre Bolívar a Santander el 23 de
junio de 1820.
Y precisamente porque amamos y valoramos la paz, no nos
apartaremos, menos ahora cuando toda la saña criminal
imperialista nos amenaza por los cuatro costados, de aquel sabio
principio: “Si queremos la paz, debemos prepararnos para la
guerra”.
Quiero hacer mías las palabras de José Manuel Briceño Guerrero,
esa gran conciencia venezolana y nuestro americana, a quien se
le rinde justo homenaje en la V Feria Internacional del Libro de
Venezuela, cuando nos habla de la necesidad de “emprender un
largo viaje hacia nosotros mismos”. El viaje que iniciamos el 27
de febrero de 1989 y que ha proseguido su curso durante estos
diez años de Revolución: el más necesario de los viajes.
Este miércoles pasado, por ejemplo, abanderamos a los 555
atletas que nos están representando en los XVI Juegos
Bolivarianos en Sucre, allá en la amada Bolivia. Estoy más que
convencido de que seguirán colocando en alto y dignificando el
nombre de Venezuela. Es una nueva fuerza moral, fuego sagrado,
el que late en todos estos hijos e hijas de la Patria. En ellos
continúa y se renueva el viaje hacia nosotros mismos.
Allá entonces la canalla apátrida que quiso hacer fiesta con una
orden que yo diera el pasado domingo a los honorables soldados
de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Quiero reiterarlo
tal y como lo dije este viernes en el acto por la paz y contra
las bases militares de Estados Unidos en suelo colombiano: estoy
en la obligación de llamarlos a todos y a todas a prepararnos
para defender la Patria de Bolívar y la Patria de nuestros
hijos. Si no lo hiciera, estaría cometiendo un acto de alta
traición con nuestra amadísima Venezuela, mas aún manejando las
informaciones que manejo.
Nuestra Patria hoy es libre y la defenderemos con la vida.
Venezuela nunca más volverá a ser colonia de nadie: nunca más
estará de rodillas frente a invasor o imperio alguno. Y nuestra
Fuerza Armada Bolivariana, el pueblo en armas como un todo, es y
tiene que seguir siendo el garante por excelencia de la paz
bolivariana: la paz verdadera.
En el denso y contundente artículo que lleva por título La
anexión de Colombia a Estados Unidos –recomiendo su lectura y
relectura– del pasado 6 de noviembre, el comandante Fidel Castro
se encarga de alertarnos, con la urgencia del caso, sobre el
peligro mortal que se nos viene encima.
En especial dirige unas palabras, necesariamente conminatorias,
a quienes ejercemos responsabilidades políticas y nos emplaza:
“Los políticos de América Latina tienen ahora ante sí un
delicado problema: el deber elemental de explicar sus puntos de
vista sobre el documento de anexión. Comprendo que lo que ocurre
en este instante decisivo de Honduras ocupe la atención de los
medios de divulgación y los ministros de Relaciones Exteriores
de este hemisferio, pero el gravísimo y trascendente problema
que tiene lugar en Colombia no puede pasar inadvertido por los
gobiernos latinoamericanos”.
Me valgo de estas palabras de Fidel para apuntar una idea: es
necesario demoler la falacia uribista de que este infame acuerdo
es un asunto de soberanía colombiana. ¿Un asunto de soberanía
cuando todo el arsenal bélico gringo, contemplado en el mismo,
responde al concepto de operaciones extraterritoriales? ¿Cómo se
puede hablar con un Gobierno completamente subordinado a la
estrategia global de dominación del Imperio? ¿De qué se puede
hablar con un Gobierno que convierte al territorio colombiano en
un gigantesco enclave militar yanqui, esto es, en la mayor
amenaza contra la paz y la seguridad de la región suramericana y
de toda Nuestra América? Uribe puede ir por todas partes
ofreciendo toda clase de seguridades, pero el acuerdo, de hecho,
impide que Colombia pueda ofrecerle garantías de seguridad y
respeto a nadie: ni siquiera a los colombianos y colombianas. No
puede ofrecerlas un país que ha dejado de ser soberano y que es
instrumento del “nuevo coloniaje” que avizorara nuestro
Libertador.
Soberanía. He ahí una palabra que siempre debemos someter a
discusión, renovarla, fortalecerla, vigorizarla en la acción y
en el pensamiento: en la reflexión socializada. Se hace
necesario pues, un mínimo repaso para saber de dónde nos viene
esa palabra para darle su justo lugar. Sobre todo cuando su uso
y su significado están en juego.
Como la gran mayoría de las categorías políticas tradicionales
de la democracia representativa que heredamos de la Europa de
finales del siglo XVIII, la de soberanía es herencia del
pensamiento de la Ilustración y de la Revolución Francesa.
Soberanía refiere a la libertad enelejerciciodepoderqueunpueblo
y un gobierno tienen dentro de un territorio determinado, con
una identidad histórica específica, moldeando a un Estado-Nación
y su esqueleto legal. Es decir: es la libertad de un pueblo para
determinar el hecho político de una
nación.Esenestaúltimasignificación en la que nuestro Libertador
se apoya para profundizarla en el tiempo. Y la profundiza a
niveles que ni el mismo Rousseau –a quien le debemos el concepto
“soberanía popular”— imaginara, porque la soberanía en el
pensamiento de Bolívar alcanza el más hondo contenido popular.
Así se refiere nuestro Padre Libertador en su Mensaje al
Congreso Constituyente de Bolivia (1826): 'La Soberanía del
Pueblo, única autoridad legítima de las Naciones'. Bolívar deja
claro cuál es el rostro soberano de las naciones de Nuestra
América.
Siempre es importante recordar que una cosa es lo que significa
el concepto de soberanía desde una visión eurocentrista y otra
radicalmente diferente desde una visión nuestroamericana: con
rostro de pueblo descalzo.
Nos remitimos otra vez al pensar bolivariano: “Nadie, sino la
mayoría, es soberana. Es un tirano el que se pone en lugar del
pueblo; y su potestad, usurpación”.
Es a esta línea reflexiva a la que nos debemos en nuestro
ejercicio como nación: como país de
NuestraAmérica.Sonyacasionceaños en el esfuerzo de hacer y
construir soberanía a todos los niveles. Y es aquí donde debemos
recalcar que soberanía y dignidad son palabras hermanas. Lo
hemos demostrado con acciones, con convicciones y con un sueño
en construcción: la soberanía socialista que se constituye de
abajo hacia arriba; este es el camino para erigir una soberanía
construida desde el Poder Popular como núcleo.
Ahora, frente al nuevo embate imperial, viene una hora de prueba
para nuestra soberanía.
Hora de prueba que afrontaremos con la misma vocación pacifista
que nos ha caracterizado.
Pero debemos dejar claro que paz no es, y nunca será,
equivalente a sumisión.
Construir soberanía socialista, de abajo hacia arriba, es y debe
ser el propósito principal del proceso electoral que celebra hoy
domingo el PSUV con la finalidad de elegir, desde las bases, a
los delegados al Congreso Extraordinario que se realizará a
finales de año. A un total de 2 millones 450 mil 377 militantes,
inscritos en nuestras patrullas, les corresponde el honor
histórico de consolidar al partido como una poderosa estructura
de masas en movimiento consciente, acelerando el parto de la
nueva historia. Un partido que sea capaz de generar una multitud
de nuevos cuadros políticos dentro de la masa popular. Un
partido que se ponga a la vanguardia en la construcción del
socialismo.
¡¡ Patrulleros y patrulleras: a la batalla!! ¡Vamos rumbo al
nosotros mismos! Para terminar estas líneas, parafraseando a
Bolívar, os digo: la paz es nuestro puerto, la paz será
nuestra gloria.
¡¡Venceremos!!
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